El Nuevo Testamento
Hno. Francisco Ortiz - Miércoles 20:00 Horas.
En el estudio de la segunda mitad del Nuevo Testamento existen dos objetivos principales. Primero, acercarnos a Cristo y sentir mayor poder espiritual. Segundo, un estudio que va desde el libro de los Hechos de los Apóstoles hasta el Apocalipsis es de especial interés para los Santos de los Últimos Días porque en la actualidad enfrentamos muchos problemas similares a los que experimentaron los santos de aquella época. En nuestra dispensación, la Iglesia de Jesucristo ha sido organizada una vez más y nuestra tarea es la misma que la de nuestros antepasados en la antigüedad: extender las bendiciones de la Iglesia y nuestro testimonio del Cristo resucitado a todo el mundo. (D. y C. 1 :17-23.)
Después de la muerte de Jesucristo, sus apóstoles y discípulos atravesaron por un período de desesperación. Habían sido sostenidos y respaldados por El durante casi tres años, y ahora no estaba entre ellos. Si se considera que ellos eran hombres comunes y su desaliento era una reacción muy natural y humana bajo aquellas circunstancias, también debe tenerse en cuenta otro hecho: cuarenta días después estos mismos hombres poseían un ferviente testimonio de que Jesucristo estaba vivo, que ellos lo habían visto y que, de hecho, El se había levantado de entre los muertos tal como dijo que lo haría. Además, hay que meditar en el hecho de que debido a este testimonio soportaron la calumnia, las agresiones físicas y grandes adversidades, viajaron por tierra y mar y, finalmente, la mayoría de ellos murieron martirizados. ¿Por qué? ¿Cómo se explica tal transformación en sus vidas? ¿Por qué Pablo, siendo un cruel perseguidor de los cristianos, se convierte repentinamente en un ferviente testigo de Cristo? Sus testimonios no fueron dados con un espíritu desesperado o de duda. Tampoco lo debe ser tu testimonio.

